Me han traído los Reyes-los de Oriente,
los llamados mágicos- un reflejo de tus
ojos de Luna, un vestigio de besos
en estos labios dulces de carbón.
Y otro año, al desenvolver
el papel, rasgado;
al volar el lazo, rojo-esto siempre-;
un recuerdo me ha sorprendido mirando
aquellos ojos de Luna,
la sangre de mi piel bajo tus uñas,
el calor de las frías tardes de invierno.
Y la sensación de hallarse perdido,
encontrado en las pupilas de cristal,
ilusión del niño que lo rompe por primera vez.
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