Transeúnte
en este mundo, que es tu calle;
transeúnte de noche,
a tu puerta y sin llave.
Huidizo y,
a veces, feroz y sin excusas:
las luciérnagas de noche,
verdes, me alumbran
el camino que dejé escrito
y retomo esta tarde,
casi mañana,
casi hoy, casi nunca.
Tan sólo rezo por tenerte
delante de mis ojos de cristal
translúcido y tan opaco,
tranquilo y tan claro.
A veces, empañados...
a veces, empeñados.
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