Me entraron ganas de escribir. Dentro de unos días, sentiré la presión del BI, por eso preferí relajarme hoy un poco. Me puse a ver capítulos de "The Big Bang Theory" y a escuchar "Vampire Weekend". En estos últimos días la ilusión ha vuelto a mi vida, en forma de...no sé, ¿cuadro?, ¿arte? No me apetece tocar el piano últimamente, tan solo dormir. Me siento bien debajo de la sábana, cosa que nunca me agradó mucho: era de dormir poco y despertar pronto. Por suerte, encontré entretenimiento en la luz de los sábados. De pequeño, veía los sábados como el día de cielo gris claro, lleno de nubes, a través de las cuales se cuelan rayos de sol; las calles mojadas y la gente, en su afán por realizar las tareas que no pueden hacer por semana, yendo de una tienda a otra. Los domingos representaban el Sol, el viaje por autopista, los abuelos, la paella (o lo que tocase) y volver a casa tarde, a las diez o así.
Ahora, varios años después, todo ha cambiado. Los sábados ya no son en gris, ahora presentan varias tonalidades: el azul cobalto de la noche es postrero al celeste de la mañana.
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Otras veces, me refugio en los libros, aunque ya no hay tanto tiempo para leer. Antes Paul Auster me ayudaba; ahora son los escritores "forzados" los que me consuelan, mas no estoy triste. Me consuelan, pero...no es pena lo que hay dentro de mí. A veces hay rencor y miedo, sobre todo miedo, a equivocarme, a hacer las cosas mal. En ocasiones, pienso en algo que he hecho y, a ojos de la gente, estaba mal y me muero de los nervios, una sensación extraña recorre mi cuerpo y me acaloró, lo noto en las mejillas y en el cuello, que se tensa.
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Me gusta mi nuevo teclado de ordenador. No me gustan sus teclas. ¡Qué contradicción! La cuestión es que, por más que lave las manos, mis dedos siempre acaban con algo de grasa (lógica biológica, valga la semirredundancia) y las teclas adquieren un tono aún más oscuro en su centro. Lo noto alrededor de la letra que aparece impresa en ella. El ratón, el "mousse", también presenta esta característica, sólo que mis dedos no lo tocan con tanta asiduidad. Me acaba de llegar un recuerdo y no sé por qué lo enlazo con este tema. Veo una calle en pendiente en la que hay un quiosco con toldo verde ("El País"). Al pequeño negocio le llegan los rayos del sol, pero donde yo estoy (me encuentro en la acera opuesta) la sombra me refresca, pues hay un edificio de tono amarillo que los intercepta. Cruzo la calle y entro dentro, donde hay bastante gente para tratarse de un lugar de no muy grandes dimensiones. Cojo una revista de baloncesto y la pago. Me voy y, ahora sí, la luz me ciega. Cruzo la calle de nuevo y llego a una amplia acera salpicada de árboles y bancos, viejos sentados en los bancos y niños corriendo; jóvenes con instrumentos a la espalda...
Se me ha hecho tarde. Buenas noches.